sábado, 11 de enero de 2020

Qué le voy a dejar a mi niña

Qué le voy a dejar a mi niña,
Flor emplumada de cerro y mar,
Ojitos chinos de luz de sol,
Mirada clara de amanecer,
Tu pelo el trigo de mi pan.

Qué te voy a dejar hija adorada,
Además de estas letras palpitando,
Además de mi abrazo y mi canción, 
Además de la autenticidad de mi voz, 
Y los besos de mañanas de sal.

Qué te he de heredar pajarito cantor,
Si mi fortuna es tenerte, 
Sonriente y amando,
Vivir en este campo,
Que he sembrado desde el vientre.

Qué te he de dejar mi escandaloso tambor,
Mi inquieta y rítmica nota sonante,
Si mi tesoro más galopante,
Revoloteando mis armonías,
Es el calor de tu amor.

Qué te podré regalar,
Además de las huellas de mi caminar,
Corriendo tras tus carcajadas de miel,
Navegando por los cerros de papel,
Mi niña marina-pájaro y flor. 



sábado, 3 de agosto de 2019

Recuerdos talquinos

Cuando era niña hundía mis manos en una caja llena de botones.
Eran mis tesoros. De todos los colores y formas, los vaciaba en unas cajas y luego en otras. Imaginaba que eran perlas valiosas, monedas de chocolate, infinidad de cosas.
Eran los botones de la sastrería de mi padre. En esa casona vieja, la casa de mis bisabuelos. Esos personajes enojados estampados en la sala y en el comedor. Personas de mi historia que no conocí.

Cuando era niña, veía a mi padre cortas telas. Unas tras otras, con una enorme tijera. Lo veía de pie, sentado delante de su maquina. Hilvanado  trajes completos para otros caballeros. Planchando piezas a medida para señores que confiaban en sus manos la elegancia de un pantalón único y hecho a pulso del oficio.

Extinto quedó el oficio. Tras la invasión del mercado chino y la instalación del retail, en el hábito recreativo del consumidor talquino, pocos pedidos hicieron que el servicio ya no fuera requerido.

Hoy sólo los recuerdos de la luminosa sastrería de mi padre en la casona de mis bisabuelos, también demolida por el terremoto y convertida en estacionamientos o quizás qué cosa.

Del pasado, sólo lo inmaterial queda. La memoria como esa llave que abre la puerta de un mundo inconsciente lleno de verdades ocultas. En la memoria se pasean los olores y las sensaciones de un espacio lleno de colores propios.

A los antepasados, agradecer por permitirme estar.

martes, 16 de julio de 2019

Valparaíso, julio 2019, invierno...frío y solitario




Estoy retomando escribir en este blog. Cuando empecé tenía 27 años. Creo que ha sido la relación más duradera y productiva que he tenido con las redes sociales. Eso si cuando me leo, me da cosita. Es arriesgada la catarsis emocional que una se pueda permitir en estos lugares. Pero en fin, tantas soy, tantas y diversas, unas rarezas de seres, porque ya ni puedo llamarle mujeres. Dejo que corran libres cada una por lo suyo. Unas quieren cambiar el mundo, otras más bien esperan como si fueran sirenas eternas. Con unas he peleado a muerte, y ahí siguen, cortando margaritas a pie descalzo y sin prisa.

Es vertiginoso el acto de desnudarse frente al espejo a cualquier edad. Pero es una osadía desnudarse de las palabras que a una la arman como torre. El alma entonces como una esencia tierna se abre como un capullo que sólo responde al estímulo de la luz. Ahí se queda.





La estrella

  Del cielo traigo semillas de eterna abundancia. Mi don es iluminar y hacer florecer todo lo que esté a mi alrededor.  Sin equivocaciones y...