Cada vez que vuelvo a este blog me pasa lo mismo. Primero, me dan como unas palpitaciones de no poder encontrarlo. Y luego, cuando doy con él, me siento aliviada. Como cuando una llega a un refugio, a un lugar seguro, a darse un abrazo que se convierte en hogar por unos segundos.
El llamado siempre es a escribir. Y hoy me animé a escribir esto:
El silencio de una mañana de invierno
La quietud de una mañana de julio
Viernes, para ser precisas,
acontece en una cama, entre dos gatas y una lámpara de luz cálida que descansa en un piso que se quiere igualar a un velador. No obstante, ello solo ante mi imaginación.
Quiero escribir y desbordarme de letras hasta atorarme y no sé por dónde comenzar.
Tal vez como parte de los buenos hábitos espirituales es importante comenzar agradeciendo lo que una tiene. Todo pues. El privilegio de haber dejado vidas difíciles que me sitúan en lo que hoy me tiene en este lugar (subjetivo). Pues entonces, gracias, gracias, gracias.
Por el ventanal miro el balcón lleno de sol que me invita a comenzar todos los días. Puedo mirar, puedo escribir, o sea, puedo vivir. Inti en el sur-Tonatiuh en el norte. Un padre cósmico nos abraza sin discriminación. Es curioso que también la tierra sea una especie de madre que nos sostiene sin pedir nada a cambio. Aunque de vez en cuando nos recuerde quién manda aquí.
Me gusta estar en este lugar (físico), lo siento como mi hogar.
Una vez me dijiste que querías que me quedara aquí para que tú pudieras venir desde Brasil y así visitar tu casa, mirar tus plantas, tener tus cosas. Finalmente te quedaste amigo, pero solo en espíritu. Te quedaste en los rincones de este castillo que construiste para sentirte un rey. Renunciaste a él y a todo amigo. Te fuiste con lo puesto. Esa muestra de desapego está cabrona para quien lo tuvo todo y de verdad te admiro.
Antes de comenzar a buscarte, soñé vívidamente lo siguiente:
En una nave blanca (como de juegos mecánicos)
En el espacio interestelar
Vestido con un traje plateado (parecido a los Power Rangers )
Me venías a visitar.
Estabas ocupado me decías
Repartiendo viajeros no se de dónde
Muy contento por esta nueva chamba
Por fin habías encontrado trabajo aunque sea en el espacio
Te perdiste luego entre las estrellas,
Nos gritamos ¡chao!
