sábado, 3 de agosto de 2019

Recuerdos talquinos

Cuando era niña hundía mis manos en una caja llena de botones.
Eran mis tesoros. De todos los colores y formas, los vaciaba en unas cajas y luego en otras. Imaginaba que eran perlas valiosas, monedas de chocolate, infinidad de cosas.
Eran los botones de la sastrería de mi padre. En esa casona vieja, la casa de mis bisabuelos. Esos personajes enojados estampados en la sala y en el comedor. Personas de mi historia que no conocí.

Cuando era niña, veía a mi padre cortas telas. Unas tras otras, con una enorme tijera. Lo veía de pie, sentado delante de su maquina. Hilvanado  trajes completos para otros caballeros. Planchando piezas a medida para señores que confiaban en sus manos la elegancia de un pantalón único y hecho a pulso del oficio.

Extinto quedó el oficio. Tras la invasión del mercado chino y la instalación del retail, en el hábito recreativo del consumidor talquino, pocos pedidos hicieron que el servicio ya no fuera requerido.

Hoy sólo los recuerdos de la luminosa sastrería de mi padre en la casona de mis bisabuelos, también demolida por el terremoto y convertida en estacionamientos o quizás qué cosa.

Del pasado, sólo lo inmaterial queda. La memoria como esa llave que abre la puerta de un mundo inconsciente lleno de verdades ocultas. En la memoria se pasean los olores y las sensaciones de un espacio lleno de colores propios.

A los antepasados, agradecer por permitirme estar.

martes, 16 de julio de 2019

Valparaíso, julio 2019, invierno...frío y solitario




Estoy retomando escribir en este blog. Cuando empecé tenía 27 años. Creo que ha sido la relación más duradera y productiva que he tenido con las redes sociales. Eso si cuando me leo, me da cosita. Es arriesgada la catarsis emocional que una se pueda permitir en estos lugares. Pero en fin, tantas soy, tantas y diversas, unas rarezas de seres, porque ya ni puedo llamarle mujeres. Dejo que corran libres cada una por lo suyo. Unas quieren cambiar el mundo, otras más bien esperan como si fueran sirenas eternas. Con unas he peleado a muerte, y ahí siguen, cortando margaritas a pie descalzo y sin prisa.

Es vertiginoso el acto de desnudarse frente al espejo a cualquier edad. Pero es una osadía desnudarse de las palabras que a una la arman como torre. El alma entonces como una esencia tierna se abre como un capullo que sólo responde al estímulo de la luz. Ahí se queda.





jueves, 11 de julio de 2019

Dime amor ¿qué hago con este amor?

¿Qué hago con este amor?
  este amor bordado a mano,
con flequillos empalagosos de cariño
  Este amor que ya caminaba solo
  Este amor que corría por estos pasillos...
 ¿En qué maleta lo acomodo?
  lejos de qué, cerca de dónde
¿Lo dejo que se seque en el techo junto a las cáscaras de naranja?
¿Lo lavo y lo guardo planchado junto a la ropa de mis muertos?
¿Me lo trago o lo mastico?
¿Lo reparto entre mis amigos?
¿Lo deposito en el banco del desamor?
¿Lo atornillo como una ampolleta desahuciada en el gollete de mis deseos?
¿Lo cocino con manteca y un poco de vino?
De ese que bebimos embrujados
en tiempos de sol y festivales de coplas
En tiempos de hacer el amor a destajo
¿Qué hago amor con este amor?



lunes, 15 de octubre de 2018

El arte nos hará libres

El arte, ante todo este neo-colonialismo, es la esperanza de lo propio. La necesidad de perpetuar la decisión de ser libres y plenos, ante un sistema que nos quiere tristes y amargados. Pero también es más profundo que eso, es la dicotomía entre nuestro ser vulgar y nuestro ser divino, es la conexión al mundo de los espejos profundos de nuestra esencia.


El arte, la esperanza de lo nuestro, de lo que se cultiva original y colectivamente, como una manera de resistir a la despersonalización que trae consigo el sistema neoliberal. El arte también como una forma de resistirse a ciertos nacionalismos que más que expresiones de libertad son casilleros y jaulas mentales que promueven ciertas violencias instaladas.


El arte de los pueblos, de las tribus, siempre ha sido la única e invencible frontera que no ha podido vencer el hombre blanco. Porque resuena como el eco del pasado, desde esa otredad, que nunca podrá callarse porque es la que lleva cantando más tiempo en este continente.


Por ello creo que ¡el arte nos hará libres!

Cada vez que vuelvo a este blog me pasa lo mismo. Primero, me dan como unas palpitaciones de no poder encontrarlo. Y luego, cuando doy con é...