miércoles, 8 de abril de 2020

Un día gris

Hoy amanecí rota
con los ojos de cristal trizados
dibujados como pájaros en la ausencia
con el pecho descosido  
con el corazón en colgajo
con los anhelos deshilachados 
con la ilusión deshabitada. 

Hoy amanecí llovida
Con goteras en el alma
Con charcos de agua en mis zapatos
Con el espíritu anegado
Con las ganas axfisiadas 
Con el anhelo derrotado
Aluvión de intensas soledades.

Por hoy,  sólo vigilaré la ventana
Escucharé los ecos sureños del viento
Permitiré hormiguear  a este mutismo
Me dejaré caer como “Le Pendu”
Confiando en la inercia de los flujos infinitos
Depositando  las penurias en un tarro 
En el que plantaré un canelo en primavera. 

viernes, 13 de marzo de 2020

Amarse


Amarse como ritual de rebeldía
amarse como si fuera un asunto mágico
amarse como si en el acto mismo
la vida se transformara un poco
como si en esos segundos de entrega infinita
pudiésemos tocar el universo
y así desgranar una estrella gorda
espolvoreando luces en la tierra
envolviendo tiernamente
el puñado de misterio  que somos. 


sábado, 11 de enero de 2020

Qué le voy a dejar a mi niña

Qué le voy a dejar a mi niña,
Flor emplumada de cerro y mar,
Ojitos chinos de luz de sol,
Mirada clara de amanecer,
Tu pelo el trigo de mi pan.

Qué te voy a dejar hija adorada,
Además de estas letras palpitando,
Además de mi abrazo y mi canción, 
Además de la autenticidad de mi voz, 
Y los besos de mañanas de sal.

Qué te he de heredar pajarito cantor,
Si mi fortuna es tenerte, 
Sonriente y amando,
Vivir en este campo,
Que he sembrado desde el vientre.

Qué te he de dejar mi escandaloso tambor,
Mi inquieta y rítmica nota sonante,
Si mi tesoro más galopante,
Revoloteando mis armonías,
Es el calor de tu amor.

Qué te podré regalar,
Además de las huellas de mi caminar,
Corriendo tras tus carcajadas de miel,
Navegando por los cerros de papel,
Mi niña marina-pájaro y flor. 



sábado, 3 de agosto de 2019

Recuerdos talquinos

Cuando era niña hundía mis manos en una caja llena de botones.
Eran mis tesoros. De todos los colores y formas, los vaciaba en unas cajas y luego en otras. Imaginaba que eran perlas valiosas, monedas de chocolate, infinidad de cosas.
Eran los botones de la sastrería de mi padre. En esa casona vieja, la casa de mis bisabuelos. Esos personajes enojados estampados en la sala y en el comedor. Personas de mi historia que no conocí.

Cuando era niña, veía a mi padre cortas telas. Unas tras otras, con una enorme tijera. Lo veía de pie, sentado delante de su maquina. Hilvanado  trajes completos para otros caballeros. Planchando piezas a medida para señores que confiaban en sus manos la elegancia de un pantalón único y hecho a pulso del oficio.

Extinto quedó el oficio. Tras la invasión del mercado chino y la instalación del retail, en el hábito recreativo del consumidor talquino, pocos pedidos hicieron que el servicio ya no fuera requerido.

Hoy sólo los recuerdos de la luminosa sastrería de mi padre en la casona de mis bisabuelos, también demolida por el terremoto y convertida en estacionamientos o quizás qué cosa.

Del pasado, sólo lo inmaterial queda. La memoria como esa llave que abre la puerta de un mundo inconsciente lleno de verdades ocultas. En la memoria se pasean los olores y las sensaciones de un espacio lleno de colores propios.

A los antepasados, agradecer por permitirme estar.

La estrella

  Del cielo traigo semillas de eterna abundancia. Mi don es iluminar y hacer florecer todo lo que esté a mi alrededor.  Sin equivocaciones y...